De alumna a instructora

Desde que empecé a practicar pole dance, supe que eso era para mi, que quería que sea mucho más que  solo un hobby. Así fue que comencé a capacitarme como instructora, comencé a dar algunas clases en la academia donde antes practicaba, hasta que pude abrir mi propio studio. Todo esto pasó en menos de dos años, y diría que mi vida cambió bastante.




De un empleo “normal” de oficina, con horario fijo, uniforme de camisa y traje (que odiabaaa), y haciendo cosas que en su gran mayoría me aburrían (no todo, porque siempre hay lados buenos también en cada lugar); pasé a tener un trabajo con horarios que yo misma me ponía, enseñando lo que me apasionaba y teniendo mis propios alumnos que desde el inicio me mostraban muchísimo cariño.

Ahora bien, muchas veces me preguntan si prefiero la vida como profe de pole o si era mejor solo siendo alumna.

Esto es difícil de responder, ya que en ambos casos hay cosas muy buenas! El lado bueno de ser solamente alumna, es que en las clases puedo concentrarme en lo que yo quiero aprender, tenía a la profe que me ayudaba, todo era más diversión. Ahora como instructora, amo cada clase que doy, amo ayudarle a mis alumnos pero, por otro lado, me cuesta conseguir tiempo y energía para mi misma, para yo poder avanzar, y no tengo a ningun profe que me ayude. Por eso, cada vez que tengo la oportunidad, participo de workshops o clases particulares en otros países. Cada vez que puedo volver a ser alumna, lo disfruto muchísimo! Creo que si, extraño ser alumna, pero no cambiaría mi trabajo por ningún otro.

Es difícil de explicar la satisfacción que siento cuando mis alumnos saltan de emoción por lograr una figura que tanto les costaba, la sonrisa en las caras porque se están divirtiendo en las clases, y la conexión que hay entre todos ellos, ya que el pole es un deporte que une personas. Fue increíble ver los resultados en la competencia Nacional de este año, ya que esta vez, yo no competí y solo pude disfrutar de las presentaciones de mis alumnos. Fue increíble la sensación al recibir tantas medallas, lloré y me emocioné, ya que este es el fruto de este hermoso trabajo en conjunto.

Entonces, si debo elegir, sin duda prefiero ser profe. Muchas veces prefiero renunciar a mi propio entrenamiento para ayudar a mis alumnos, renuncié a competir en mi categoría y no me arrepentí, y nada en la vida me puede dar tanta satisfacción como ver a mis atletas crecer.

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Por Vanessa Veron Cattebeke




 

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